Barker: para algunos, una vieja estación perdida entre vías que ya no se utilizan; para mí, el lugar que me vio crecer, donde correteé por los pasillos de mi Escuela 29 y donde hice mis primeros amigos, esos que hasta el día de hoy me enorgullece tener.
Se trata de aquel lugar alejado de todo ruido, en el que el campo te abraza con aire puro. El lugar que en algún momento enamoró a mis bisabuelos y, también, donde mi familia me enseñó a ser quien soy.
Barker, chiquito sí, pero pujante. Con gente que sí: que tira para adelante, que crea, que abraza y que progresa.
En tus 125 años, mi homenaje mas sincero.
Hace 125 años llegó el tren. Hoy, el viaje continúa…
